viernes, 28 de octubre de 2016

¿ Exageración o falsificación ?

Unidos Podemos descalifica la elección de Rajoy sugiriendo que no es del todo democrática.





ELSA GARCIA DE BLAS

La palabra “golpe” referida a la investidura de Mariano Rajoy retumbó ayer en las paredes del hemiciclo del Congreso, donde los efectos del auténtico golpe de Estado de 1981 son visibles aún en forma de agujeros de disparos en el techo. “Usted, señor Rajoy, será investido como resultado de un golpe parlamentario a raíz de la intervención de un partido político, cocinado a fuego lento durante diez interminables meses, para anular los resultados de unas elecciones”, aseguró Alexandra Fernández, portavoz parlamentaria de En Marea, la alianza gallega en la que se integra Podemos, desde la tribuna. Los portavoces de Unidos Podemos hablaron de “golpe de régimen” y “motín oligárquico” e incluso compararon la irrupción del golpista Antonio Tejero en la carrera de San Jerónimo con el “golpe palaciego” sucedido en la sede del PSOE.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, trató también de deslegitimar la investidura de Rajoy, aludiendo a un “orden” que, de nuevo, “reina en Madrid”. “Lo que no consiguieron en las urnas lo van a conseguir mediante el abstencionazo. Una triple alianza le va a hacer presidente”, dijo al candidato del PP. Iglesias citó al exlíder comunista Santiago Carrillo, a quien le reprochó que “no le quedó más remedio que decirles sí a todo”, para contraponer que ellos, a cambio, no “pasarán por el aro”. “Nosotros no somos una izquierda de su orden”. Los discursos de los representantes de Unidos Podemos —que aludieron también a un nuevo “partido único” en España, a un “fraude del PSOE a sus votantes” y a “una investidura que se construye sobre una farsa”— fueron algo más sutiles que la convocatoria de la manifestación que han saludado que llama a rodear el Congreso el próximo sábado con la justificación de que, en definitiva, en España se acaba de producir un golpe de Estado.

El historiador José Álvarez Junco, catedrático emérito de Historia de las ideas y los movimientos sociales en la Universidad Complutense de Madrid, vincula estas expresiones con el “lenguaje propio de la izquierda latinoamericana, venezolana, castrista, utilizado de manera propagandista. Como el llamado bloqueo sobre Cuba, por ejemplo, que no es tal, sino un embargo”. “Son exageraciones destinadas a incrementar la tensión. Si el destino es hacer que la gente se movilice indignada para forzar que el Parlamento tome otra decisión sería una maniobra antidemocrática y peligrosa. Las tensiones se deben dirimir en el Parlamento”, considera. Álvarez Junco percibe una deslegitimación de la investidura y de la democracia parlamentaria: “Es cierto que estaba anquilosada, que los dos grandes partidos se turnaban de una forma mecánica, pero el comité federal del PSOE era un órgano perfectamente legal, y un golpe, a cambio, es una intervención militar contraria la legalidad”.

“Es una acción política conocidísima, que lleva a una falsificación de la realidad. No veo nada que no hayan hecho otros movimientos radicales antisistema, los llamamos así porque no hacen un análisis objetivo-racional de la situación política, sino una descalificación del sistema que combaten”, reflexiona el también historiador Juan Pablo Fusi. Este catedrático de Historia contemporánea de la Universidad Complutense ironiza con que un “partido único” es “lo único que no hay ahora mismo con tal fragmentación parlamentaria”. Fusi contrapone una reflexión al supuesto “fraude democrático del PSOE”, como lo ha calificado el diputado Alberto Garzón. “¿No sería el mayor fraude democrático que, aún siendo legal, se impida que gobierne el partido más votado?”, se pregunta.

Los historiadores recuerdan a Iglesias que se equivoca cuando rememora el papel de Carrillo: “A Carrillo también le dijeron que sí, a la legalización del PCE, a desmontar el sistema franquista, a la ley de amnistía...”

jueves, 27 de octubre de 2016

VENTANAS ROTAS

Dejas impune a un corrupto y el que se lo estaba pensando toma nota.







JOSÉ IGNACIO TORREBLANCA

Una ventana rota suele indicar una casa abandonada, o un dueño descuidado o con problemas. Los niños, siempre tan intuitivos, suelen entender una ventana rota como una invitación para tirar una piedra a la ventana de al lado. Y ya son dos ventanas rotas. Dos ventanas rotas no pueden ser casualidad, piensa el tercero que pasa, y lanza otra piedra. Tres ventanas rotas invitan a hacer una pintada. Y una pintada a forzar la puerta. Y una puerta abierta a entrar y llevarse los muebles. Y así sucesivamente.

A la democracia le pasa lo mismo. Dejas impune a un corrupto y el que se lo estaba pensando toma nota. Dejas que alguien se salte las reglas y las reglas dejan de valer para el siguiente que quieres que las acate. Dejas que alguien mienta sin que tenga consecuencias y hará de la mentira una estrategia. Dejas que el que ha perdido una votación proclame que la victoria del otro ha sido ilegítima y no podrás volver a votar. La democracia es una gran idea, pero hay que defenderla todos los días: cada ventana rota en su fachada es una invitación a una pedrada. Su funcionamiento requiere de esa cosa llamada “legitimidad”, que no es sino la creencia de la gente en que el sistema es justo y funciona equitativamente. Unos trabajan para reponerla, otros para vaciarla.

En España ha habido no una sino dos elecciones en menos de un año. Los que concurrieron a ellas lo hicieron porque pensaban que podían ganar limpiamente. Que sepamos, no solo no han denunciado los resultados, ni ante la Comisión Electoral ni ante ningún organismo internacional, sino que recogieron sus actas y ocuparon sus escaños.

Pero algunos de los que han perdido dicen ahora que ha habido un “golpe”, que va a gobernar una “mafia” y llaman a manifestarse ante el Parlamento. Uno de ellos, que se confiesa admirador de la democracia griega, solo logró ocho diputados en un Parlamento de 350 pero quiere hablar en nombre de todo el pueblo; el otro, que también dice hablar en nombre del pueblo, dice que el Parlamento está gobernando por el Ibex 35 y que solo va a producir “papel higiénico”. “Solo reconoceré el resultado si gano”. ¿Dónde han oído eso antes?

 @jitorreblanca

domingo, 23 de octubre de 2016

Teruel, la belleza olvidada

VUELO SIN MOTOR " el amigo Félix "





FÉLIX TEIRA

Hace años visité Oviedo con la novela La Regenta en el bolsillo. Un viaje con el libro adecuado puede ser una combinación turbadora y fértil. Ahora le propongo recorrer la provincia de Teruel, pariente pobre de las tres, que conserva un señorío sobrio. Le recomiendo que viaje con el libro de Sergio del Molino, La España vacía, un ensayo tan inteligente como ameno. Elijo Teruel por afecto, está tan despoblada como decenas de provincias del interior. El libro de Del Molino te enseña a mirar, como si te hubieras lavado los ojos con sal. Asegura el autor: «Mirar en los rincones de la España vacía de los que procedemos es mirar dentro de nosotros mismos.»

Entro en el territorio del empeltre, dejo atrás Albalate, un caserío a pie del río Martín que escala el cabezo, y me detengo en la plaza de La Fresneda, elegancia de soportales de piedra. A media tarde paseo por las calles señoriales de Calaceite y anochece cuando cruzo el puente de Valderrobres, fachadas varadas en la historia.Cuántas propuestas de turismo exótico mientras se desconoce lo propio. Se necesitaban cientos de allegadoras y vareadores para recoger la oliva de estos parajes hasta que llegó la mecanización. Entonces se produjo el Gran Trauma, como llama Del Molino al éxodo de los años 50 y 60, que desertizó el núcleo del país y pobló la periferia. Duermo en una posada de Beceite arrullado por el rumor del agua; hijuelas y regueros que sangran al Matarraña. Antes de que amanezca ya estoy en la carretera. Apenas levanta el sol cuando corono Sant Just, refresca. Hago un alto y miro los cabezos, costillares del Ibérico con las tripas de carbón, que ahora dicen que no sirve. «La conexión con el paisaje es íntima y autobiográfica», dice el autor. Me sorprende que un escritor joven haya descrito con exactitud el desgarro de los que emigramos de los pueblos: habitantes de la España urbana que para definirse necesitan estos yermos.

Recorro las planas del Alfambra, amarillean las choperas que bordean el río, y enfilo hacia el Maestrazgo (sorprende la interpretación del carlismo que ofrece La España vacía). Un silencio acogedor envuelve los pinares de la bravía sierra de Gúdar. Entraré a la capital, tras dejar Mora, por el sur. Teruel, entre barrancos arcillosos, es el territorio de la filigrana del ladrillo mudéjar. Igual que los desiertos demográficos son una rareza en Europa, también lo es nuestro pasado moro: no encontramos al norte de los Pirineos encajes de ladrillo y esgrafiados de yeso.

Si la cabra tira al monte, los urbanitas terminamos en la ciudad. Vuelvo a la urbe, aunque antes me he acercado a Albarracín. Cada vez que contemplo el casco del pueblo, encerrado en la herradura del Guadalaviar, noto el mismo escalofrío, el tiempo corre al revés. Cojo la carretera paralela al Jiloca, me desvío por pueblos de nombres con sonoridad antigua: Huesa, La Hoz de la Vieja... Tomo un café. Detrás de la barra hay un vasar de yeso con una reliquia, una capilla de mano de las que iban de casa en casa; sobre el cristal está pegado un anuncio de ámbar lemon. Un viejo me mira, quizá se pregunta: ¿qué coño hace aquí este forastero si ni hay setas ni es agosto? Como dice el autor del libro, el forastero está suturando la brecha de una España urbana y europea que tiene el corazón vacío. Buen viaje.

Escritor

MONSTRUOS IMAGINARIOS

MI CUADERNO PERSONAL ( 16 )




Un misterio de nuestro tiempo es que los políticos que más mienten son los que parecen más auténticos. Hoy la política se ha polarizado. Progresa un nuevo tipo político capaz de conectar directamente con los suyos y enfurecer al resto, con unos medios con colores muy definidos que producen un resultado donde los políticos no pueden distinguirse los unos de los otros por el argumento de fondo que todos comparten.

En esta nueva política que vivimos, el tono lo define todo. Pablo Iglesias no se diferencia de sus competidores dentro del mismo bando ideológico con un estilo personal llamativo, disponiendo a los votantes a como quieren oír las cosas, provocando, exagerando y con comentarios irónicos. No se altera para permitir la identificación por el tono, utilizando aquello que se imagina como posible o verdadero, pero que no lo es.

Por ello, coincido con Fernando Savater en que los líderes de Podemos fustigan lo que cualquiera detesta y aprendieron que los INSULTOS graves de palabra o por escrito los entienden todo el mundo mientras que las SOLUCIONES necesarias para poner fin de manera adecuada a los problemas, a las dudas, a vencer las dificultades... hay que explicarlas mucho y se han especializado en ultrajes de tono bíblico.

Pablo Iglesias, septiembre de 2016, dejo claro cuando dijo que Podemos no quiso pactar con el PSOE porque quiere decir no a esta Europa, pero, sobretodo, porque al contrario de lo que establece nuestra Constitución de 1978, España no es una nación soberana en la que haya "nacionalidades y regiones", sino naciones preexistentes que tienen derecho a la soberanía y a marcharse si así lo desean cuando quieran, en su argot "territorios".

En definitiva, si en este país no hubo un gobierno de izquierdas, " una alternativa de progreso ", fue porque el PP y PODEMOS no lo quisieron, no lo dejaron con sus votos negativos en la investidura a Pedro Sánchez. ¡Otro mito con el que vivir! . No al oportunismo, a la inconsistencia y a la mentira.   A un político hay que preguntarle no sólo por lo que rechaza sino también por lo que prefiere.

¡ UNOS BUSCAMOS EL BIEN. OTROS QUEDAR BIEN !


Laureano Garin Lanaspa.   PSOE Las Fuentes.

sábado, 22 de octubre de 2016

IDEAS DE ROMANO

España es uno de los países que más se ha beneficiado de la globalización.





José Ignacio Torreblanca

Recordarán la escena de La vida de Brian (1979) en la que la insurgencia judía, agrupada en frentes de liberación con el mismo objetivo y casi idéntico nombre pero con diferencias insalvables entre sí, debatía sobre lo que los romanos había hecho por Judea, para acabar descubriendo que “solo” habían traído el acueducto, el alcantarillado, las carreteras, la educación, la seguridad ciudadana y la paz.


Algo parecido nos pasa con la globalización. Y no solo con la romana, que por suerte no pasó de largo (¿se imaginan que fuéramos todavía celtas o íberos?), sino de todas las demás. Pongan a las mil y pico organizaciones de variopinto nombre que convocan manifestaciones día sí y día no contra el TTIP con EE UU o el Tratado CETA con Canadá a debatir sobre qué nos ha traído la globalización y verán que España es uno de los países que más se ha beneficiado de ella.

Porque es gracias a ese odiado FMI y su ayuda con el plan de estabilización de 1959 que España pudo superar el shock económico de la Guerra Civil, dejar atrás la autarquía, abrirse al mundo y conocer un periodo de desarrollo económico sin igual (de hecho, España convergió más con Europa entre 1959 y 1973 que en los 20 años que siguieron a la adhesión a la UE en 1986).

De aquella maligna semilla plantada por los tecnócratas salieron el fin de una economía agraria y el comienzo de una industrial, la urbanización de nuestras ciudades, las clases medias, la alfabetización, la emancipación de la mujer, el turismo y las inversiones extranjeras, es decir, todo aquello que luego hizo posible una democracia.

¿Y qué decir de la UE, la mini globalización europea, denostada como “fase superior del capitalismo” y antesala de la depauperización final del proletariado? Pues que nos ha dado, se pongan como se pongan los insurgentes, otros 20 años de bienestar económico y social. Por fortuna, existe un orden internacional económico libre y abierto en el que España puede participar: sobre él se sostiene nuestro bienestar. Facebook, iPhones, Internet, Ryanair, coches eléctricos, Pixar. ¡Qué ideas más buenas tienen los romanos!

@jitorreblanca

viernes, 21 de octubre de 2016

NOSTALGIA DE OBAMA

Barack Obama con su reforma sanitaria ha hecho más por la cohesión social que ningún mandatario de EE UU desde la era Johnson






XAVIER VIDAL FOLCH



A medida que Donald Trump enloquece al infinito, uno siente crecer exponencialmente la nostalgia por Barack Obama. Y la transfiere a su albacea, Hillary Clinton.


Nostalgia por sus logros internos. El presidente afro no ha logrado coser la múltiple fractura de la sociedad norteamericana. Pero la ha enhebrado, con su política económica expansiva que cosechó la recuperación de la crisis económica, con su reforma sanitaria que ha hecho más por la cohesión social que ningún mandatario de EE UU desde la era Johnson.

Nostalgia por la belleza moral de sus discursos. El de Hannover, el pasado 25 de abril, cuando insufló ánimo a los europeos recordando que la UE “es uno de los mayores logros económicos y políticos de la historia moderna”. El de la Universidad de El Cairo, un ya lejano 6 de abril de 2009, cuando contracorriente subrayó que “América y el islam comparten principios comunes, de justicia, progreso, tolerancia y dignidad de las personas”.

Pero sobre todo, aprecio por una política exterior digna. Que ha puesto en las carpetas del fin del militarismo imperial, de Irán, de Cuba y del cambio climático, prometedoras semillas de futuro.
No todo han sido aciertos en esa política, ni mucho menos. Obama se ha mostrado errático en Siria, dubitativo en Libia, desconcertado con la Rusia putinesca.

Pero ha evitado las decisiones irreversibles de Bush II, esas que solo logran empeorar las cosas para siempre. Su prudencia se ha asentado en tres imperativos, como desgrana Vicente Palacio en su sugestivo Después de Obama: Estados Unidos en tierra de nadie (Catarata, 2016): el liderazgo de muchos asuntos internacionales “desde fuera”; una visión “singular” de la hegemonía estadounidense no circunscrita al poder duro; el retorno a un multilateralismo pragmático.

Esa combinatoria no encaja en ninguna de las cuatro grandes tradiciones exteriores de EE UU: el aislacionismo de Jefferson; la primacía al comercio global de Hamilton; el militarismo de Jackson; el internacionalismo liberal de Wilson. Asume, si acaso, de forma heterodoxa, algunas de las mejores contribuciones de varias de ellas. Por ello ha sido en ocasiones impredecible. Pero nunca caprichosa, agresiva, arbitraria o compulsiva, las inquietantes marcas de la casa Trump.

ESTUDIANTIL

Pablo Iglesias parece ignorar que la profesión de estudiante no le exime a quien la tenga de ningún deber cívico.





JORGE M. REVERTE

Podemos empezó a resultarme antipático antes de que se convirtiera en partido político, cuando Iglesias, Errejón y el hoy defenestrado Monedero, se dedicaban, siendo profesores de la Universidad, a encabezar grupos de alumnos que perseguían al grito de “fascistas” a personas honorables que exhibían, al parecer con tremendo descaro, un pensamiento con ribetes liberales o una conducta abiertamente enfrentada al patriotismo vasco de la pistola y la serpiente.

Tuve una debilidad muy efímera, cuando un comando encabezado por Monedero hizo una intervención contundente en una clase dictada por José Antonio Moral Santín. La clase no versaba sobre la manera de saquear una caja de ahorros, sino sobre aspectos menos heroicos de la economía. Y me reí, porque el profesor no me merecía ningún respeto. Hasta que un amigo profesor de la misma Universidad me sacó de mi posición absurda: habían interrumpido con modales —estos sí— fascistas una exposición razonada que iba dirigida a compañeros de los que protestaban.

Este tipo de acciones estuvieron a punto de convertir la Universidad española en un lugar inhabitable. No solo en Madrid, sino en Barcelona, en el País Vasco, y en muchos otros lugares, gente como Jon Juaristi, Maite Pagaza, Fernando Savater, Félix de Azúa, Rosa Díez y algunos más, ninguno de ellos fascista, sufrieron la persecución de estas bestias, que en algunos casos llegó a la agresión física.

Ahora Pablo Iglesias se ríe de la acción que han protagonizado sus huestes contra Felipe González y Juan Luis Cebrián, al parecer conocidos fascistas, diciendo que hay que ver que alguien se preocupe por una protesta estudiantil.

Iglesias parece ignorar que la profesión de estudiante no le exime a quien la tenga de ningún deber cívico. Las cárceles en España han estado llenas de jóvenes vascos que pegaban tiros en la nuca a quien discrepaba de sus jefes. Y en Sarajevo un joven estudiante empezó la Gran Guerra europea descerrajando varios tiros a Sisí y su marido el emperador.

En ocasiones da la impresión de que Pablo Iglesias está jugando a algo que le ha salido demasiado bien. Hasta el punto de que puede cambiar de opinión y hacer que las elecciones tengan o no valor según él se lo dé o se lo quite. Si Pablo Iglesias se hubiera abstenido cuando se lo pidió Pedro Sánchez, otro gallo nos cantaría a todos. Pablo Iglesias está jugando con la política. Quizá la bronca que tiene con su compañero Íñigo Errejón sea más seria de lo que pensamos algunos.

En poco tiempo sabremos si Iglesias quiere el Parlamento para hacer una protesta estudiantil.