viernes, 8 de julio de 2016

Lecciones del ‘informe Chilcot’

El informe Chilcot sobre la participación de Reino Unido en la guerra de Irak, presentado el miércoles, viene a dar la razón a los millones de personas que durante la primavera de 2003 se manifestaron por las calles de todo el mundo condenando la acción militar. Según la minuciosa investigación iniciada en 2009 los motivos del ataque e invasión a Irak fueron falsificados y los Gobiernos implicados en la toma de decisiones ocultaron que no se habían agotado todas las opciones antes de recurrir a la guerra. Dos falsedades con un cuantioso precio en vidas humanas —lo principal— y una gravísima situación posterior de inseguridad en Oriente Próximo y, por extensión, en el resto del planeta.
Las democracias asentadas no tienen miedo a la realización de extensas investigaciones destinadas tanto a aclarar los hechos como a evitar que los errores se repitan. El informe Chilcot fue encargado por un correligionario de Blair, Gordon Brown, que además en ese momento era primer ministro. Algo inconcebible en países en los que la lealtad al partido prima sobre el interés general, y las comisiones de investigación sirven para enterrar cualquier asunto.España puede sacar algunas importantes conclusiones de la presentación del informe británico, tanto por el fondo como por la forma. Mientras el ex primer ministro británico Tony Blair compareció durante más de dos horas ante la opinión pública para dar su versión sobre las afirmaciones de un informe que le señala directamente, el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, despachó rápidamente cualquier cuestión relativa al texto aduciendo que no lo había leído y que se trata de “algo” que sucedió hace 13 años. Obvia Rajoy que él era vicepresidente del Gobierno que involucró a España en esa guerra y que las acusaciones que vierte el informe para nada le pueden ser ajenas. 
El País.


miércoles, 6 de julio de 2016

Las seis conclusiones clave del ‘informe Chilcot’

La investigación, que abarca de 2003 a 2009, analiza la decisión de ir a la guerra de Irak


1. Base jurídica insuficiente para la guerra

Sir John Chilcot, el ponente de la comisión de investigación, ha concluido que "las circunstancias en las que se decidió que existía una base legal para la acción militar de Reino Unido en Irak no eran aceptables". El informe cita algunos de los defectos detectados en el proceso legal, principalmente la recomendación del fiscal general presentada en una reunión del Gabinete de Blair, en la que no se debatió el asunto en detalle. El informe afirma que "había muy poco apetito por interrogar a lord Goldsmith, no hubo ningún debate acerca de la legalidad de sus propuestas".

2. Manipulación de la inteligencia

El informe critica explícitamente la manera en el entonces primer ministro, Tony Blair, presentó públicamente la información de la inteligencia británica. Sostiene que los servicios de inteligencia "no concluyeron más allá de la duda razonable" que Sadam Hussein producía armas químicas y biológicas. Las declaraciones de Blair se basaron en sus convicciones y no en los juicios emitidos por el Comité de Inteligencia Conjunta (JTC) [en referencia a la parte del Gabinete británico encargada de dirigir las distintas organizaciones de inteligencia].
Los servicios de espionaje británicos también son criticados en el informe, por "no haber profundizado en la posibilidad de que Irak no tuviera armas biológicas o químicas".

3. La acción militar cuando las alternativas pacíficas no se habían agotado

Una de las informaciones más contundentes de la investigación dirigida por Chilcot es que "no se habían agotado las alternativas pacíficas" en el momento en el que Reino Unido decidió sumarse a la guerra de Irak. El 18 de marzo, cuando se produjo la votación parlamentaria, "todavía quedaban vías diplomáticas por explorarse, la acción militar no era la única opción existente".  

4. Al Qaeda

Tony Blair había sido advertido reiteradamente de que la invasión de Irak podía desencadenar una mayor actividad terrorista de Al Qaeda, según el informe. No solo se le avisó de que la presencia de Al Qaeda en Irak se vería fortalecida, sino que "se le advirtió de que la invasión sería una amenaza para el Reino Unido". 

5. Fallos estratégicos

"La situación de Irak en 2009 [fecha en la que concluye el periodo analizado por la investigación] no cumplía con ninguno de los objetivos descritos en enero de 2003". Los éxitos estratégicos fueron muy limitados", afirma el informe. Sostienen los investigadores que al final del periodo analizado "la profunda división sectaria amenaza la estabilidad y unidad del país".

6. Planificación del escenario posterior a la invasión

El informe critica la falta de planificación para el país tras el derrocamiento del régimen. "El Gobierno tenía acceso a multitud de información que hacía prever que la tarea posbélica debería ser ingente para poder aportar estabilidad y unidad a Irak". Las expectativas presentadas por el Gabinete en 2003 demuestran que no se había analizado al detalle los riesgos y retos de la invasión.


El País

martes, 5 de julio de 2016

Periodismo de tronos

En estas elecciones hemos narrado, con tintes épicos, trágicos o cómicos, las luchas de unos personajes por conquistar el poder.




Desde diciembre vivimos una hipocresía colectiva. Los medios de comunicación apelamos a la moderación, a hablar de programas y no de sillones. Pero en abstracto. Porque, en concreto, el debate gira sobre quién alcanzará la Moncloa. Narramos, con tintes épicos, trágicos o cómicos, las luchas de unos personajes por conquistar el poder. Una telenovela, de traiciones y pasiones triangulares, en lugar de una discusión política.
La campaña del 26J ha sido la antítesis de una campaña multipartidista. Es decir, una campaña sobre los paquetes de políticas que cada partido plantea a su electorado. Una campaña en la que los analistas nos hubiéramos dedicado a destripar los programas y a sacar a la luz sus incoherencias, para que los electores pudieran elegir al partido que más se acercase sus políticas favoritas. Pero hemos enfocado la campaña de forma presidencialista (obsesionados por quién nos gobernará) y no de forma parlamentarista (discutiendo qué partido nos representa mejor).
Por ejemplo, ¿Cómo sabemos qué políticas representa Ciudadanos si las entrevistas a Albert Rivera, y todos los titulares sobre el partido, sólo insisten en a quién le “va a dar la presidencia”? O ¿Cómo va a votar al PSOE el oyente progresista que escucha a sus analistas de referencia diciendo que “ese voto puede servir para una cosa [sostener al PP] o para su contraria [hacer presidente a Pablo Iglesias]”? Cuando, en realidad, la disyuntiva a la que se enfrentaba el PSOE en un escenario fragmentado era entre moderar un gobierno de izquierdas o uno de derechas. Dos opciones que, lejos de ser apocalípticamente contrarias, pueden ser parecidas.
La postcampaña ha alimentado aún más este periodismo de tronos. Todo son macro-análisis de las estrategias de coalición de los partidos, sin micro-análisis de las políticas a negociar en un posible pacto de gobierno. Olvidamos que las decisiones a las que se enfrentan ahora los partidos son continuas, no binarias. Se trata de saber si pasaremos de una política algo más de derechas a otra algo más de izquierdas. No de si nos gobiernan los Lannister o los Stark.

@VictorLapuente

lunes, 4 de julio de 2016

Malas hierbas

Inteligencia emocional

Nerea Vadillo 

 
Batacazo electoral podemita. Inesperado para el común de los mortales, pero más para ellos, que las creían tener todas consigo. Toca hacer balance, conocer que se ha hecho mal: estudio demoscópico y consulta a las bases para que opinen cuáles son las causas del desastre 26-J. Almas cándidas. La prepotencia es muy mala consejera. Ese ha sido el principal problema. La actitud de cerrazón durante las negociaciones tras el 20-D; su especial devoción-filia-apuesta por las formas bolivarianas; su posición con el brexit, muy en sintonía y a favor de celebrar este tipo de consulta en nuestro país, algo que ha asustado a más de uno; la confrontación Iglesias-Errejón y la división interna en dos facciones enfrentadas, una realidad obvia por mucho que la nieguen; además de una campaña descafeinada y en coalición con IU, una alianza que no ha gustado a muchos votantes de este partido. Así de claritas están las cosas. Con todo ello, me parece especialmente sabia la decisión del secretario de Organización podemita, Echenique, que tiene en su cabeza como misión primera, "extirpar las malas hierbas", acabar con aquellos cuyas actitudes son perjudiciales , y no permitir que se creen y se instalen "reinos de taifas y cortijos". Tarea difícil, casi imposible, pues si realmente llegara a conseguirlo, los dos primeros en caer serían los lugartenientes Iglesias y Errejón, almas mater de Podemos. ¿Seremos testigos en breve de una muerte anunciada? No olviden el viejo dicho: mala hierba, nunca muere.
 
Periodista y Profesora de Universidad

 

Por qué Turquía es (hoy) objetivo del ISIS

Ankara ha virado desde la connivencia hacia los yihadistas a participar en la guerra en su contra-


La ciudad turca de Kilis, de unos 100.000 habitantes, es un buen ejemplo, a pequeña escala, para entender cómo el grupo yihadista Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés) ha hecho virar su violencia hacia Turquía. Unos años atrás, cuando la guerra siria había alcanzado prácticamente todo el territorio, esta localidad era paso habitual hacia la vecina Siria para milicianos armados, de uno u otro grupo, que querían combatir a las fuerzas del régimen de Bachar el Asad -era fácil ver desde el lado sirio cómo muchos de ellos llegaban hasta la frontera, aparcaban sus armas y cruzaban a Turquía, para volver unas horas más tarde-. Kilis, como muchas otras ciudades turcas fronterizas, colindantes con las provincias sirias de Alepo e Idlib, fue también zona libre y porosa para el cruce de yihadistas. Fue este uno de los motivos por los que el Gobierno de Recep Tayyip Erdogan recibió acusaciones de connivencia con el ISIS. En los últimos meses, sirva de contraste, proyectiles lanzados desde la trinchera controlada por este grupo en el noroeste sirio han causado la muerte de más de una veintena de personas en Kilis. El Ejército turco ha respondido con fuego de artillería.

El atentado terrorista perpetrado este martes en el aeropuerto Ataturk de Estambul apunta a un nuevo golpe asestado por miembros del ISIS en territorio turco, precisamente cuando se cumplen dos años de la proclamación del califato. El modus operandi recuerda al de Bruselas del pasado 22 de marzo, llevado a cabo por los resquicios de la célula de París. Pero también es similar al de otros grupos terroristas, desde Laskhar e Taiba, responsable del ataque en Bombai de 2008, a cualquiera de la última docena de atentados cometidos por Al Shabab en hoteles de Somalia. A saber: hombres armados descerrajan sus fusiles automáticos de forma indiscriminada para activar más tarde su carga explosiva adherida.

Pese a que grupos de origen kurdo como los Kurdistan Freedom Falcons han cometido atentados con bomba en los últimos meses, las primeras pesquisas apuntan a hombres del ISIS. Los objetivos de los milicianos kurdos suelen ser miembros de las fuerzas de seguridad y no reclamos turísticos, como sí ha hecho el grupo sirio-iraquí para dañar la economía. El Gobierno responsabilizó al ISIS tanto del ataque en la concurrida mezquita de Sultanahmet de enero (siete muertos) como del de la céntrica calle Istiklal en marzo (cuatro muertos). Todas las víctimas fueron extranjeras. El ISIS y sus brazos mediáticos se muestran habitualmente raudos al asumir la autoría de un ataque -incluso si no están tras su organización, como ocurrió en Orlando-, pero el campo turco es más particular. El grupo no suele asumir aquí sus ataques, según coinciden los analistas, para sembrar dudas y ahondar en la brecha entre kurdos y turcos. Los kurdos podrían así pensar que es el Estado el que está implicado.

El Gobierno de Erdogan apenas tomó medidas para frenar al ISIS durante los primeros meses de su gran explosión. Pero desde que, a raíz del ataque en París a la publicación francesa Charlie Hebdo, las presiones de los socios occidentales se incrementaron, Ankara comenzó a detener a miembros del grupo. Y a reforzar la frontera con Siria. La organización yihadista inició entonces su campaña de atentados en suelo turco. El hecho de que en un principio los atentados se dirigiesen hacia opositores al Ejecutivo islamista, especialmente kurdos (Diyarbakir, Suruç, Ankara...), y los indicios de que la policía había hecho la vista gorda ante la actividad de los yihadistas, llevaron a muchos a acusar a Erdogan de pasividad con el ISIS.

La presión de la comunidad internacional no es baladí. Según los documentos de entrada sellados por la Dirección General de Fronteras del ISIS y filtrados por un desertor, muchos de los reclutas cruzan a Siria desde alguna localidad turca. Según la clasificación del think tank estadounidense The Soufan Group, Turquía es además el cuarto país que más nacionales aporta (2.000-2.200) al contingente de combatientes extranjeros en Siria e Irak. Alrededor de 600 habrían regresado.

El viraje turco llevó a Ankara a sellar el pasado verano su adhesión a la campaña aérea contra el ISIS. Al mismo tiempo, Turquía ha intentado promocionar a grupos rebeldes sirios para que luchen contra el ISIS en el norte de la provincia de Alepo. La connivencia turca es ahora hacia la guerra al ISIS. Estados Unidos ha utilizado el aeródromo turco de Incirlik para lanzar su ofensiva en el norte sirio. Fuerzas norteamericanas han usado de igual modo suelo a ambos lados de la frontera para entrenar y asistir a las nuevas Fuerzas Democráticas Sirias (SDF, en sus siglas en inglés), formadas por milicianos árabes anti-Asad, pero sobre todo hombres armados kurdos.

Las SDF, en su intento de avance en dirección a Kilis y con el apoyo diario de los bombardeos estadounidenses arrebataron recientemente a los yihadistas del ISIS la estratégica localidad de Manbij, vital en el abastecimiento del grupo a través de la frontera con Turquía.

El País

viernes, 1 de julio de 2016

FRAUDE ELECTORAL

¿Alguien piensa que se pueden esconder un millón de votos, o cien mil o diez mil sin que los partidos, con su acceso a las actas y su presencia en las mesas, lo noten?


Cuando nos enfrentamos a situaciones que contradicen nuestros valores y creencias más firmes experimentamos un profundo malestar. Para superarlo podemos asumir nuevas ideas o bien reinterpretar los hechos, dándoles la vuelta. Estos días andan muchas personas disgustadas con el resultado del 26J. Rápidamente vemos cómo van reaccionando. Unos cargan las tintas en los demás, pasando de verse como parte de un “pueblo heróico a punto de hacer historia”, a sentirse rodeados de una panda de “borregos que merecen que les roben”. Otros, en cambio, arremeten contra los mismos líderes que, apenas hace unos días, eran geniales estrategas. Hasta aquí todo normal. Lo novedoso es que nos estamos encontrando con bastante gente que le está dando pábulo a una teoría sobre un supuesto fraude electoral. Sobre esto último me quiero detener, no solo para evidenciar el error, sino sobre todo, para subrayar lo contraproducente de su difusión.

En nuestra cultura popular las teorías conspirativas son una vía recurrente para resolver tensiones. En política tenemos ejemplos sonados. Las personas que se identificaban con el PP en 2004 quedaron totalmente desoladas al ver cómo sus líderes gestionaron el 11M. Ese conflicto tan fuerte y dramático les convertía en potenciales compradores de cualquier teoría de la conspiración que, oportunamente, les resolviera el malestar, salvaguardara la imagen de su partido preferido y, de paso, les ayudara a reconciliarse consigo mismos. El producto, como recordarán, se vendió solo. Otro ejemplo, menos conocido, lo tenemos en Polonia en 2010, con el trágico accidente de avión que acabó con la vida de numerosas personalidades políticas de ese país cerca de la ciudad rusa de Smolensk. Una parte de los ultraconservadores polacos, incapaz de asumir que su presidente, Lech Kaczynski, era tan temerario como para ordenar al avión presidencial aterrizar en condiciones de nula visibilidad, abrazó ardientemente la teoría de un atentado del Gobierno ruso, incluyendo el presunto exterminio en tierra de los supervivientes. Todo, menos aceptar que su querido líder se había matado por imprudente, llevándose por delante la vida de otras 95 personas.

En España, el fraude electoral, entendido como el falseamiento o usurpación de la voluntad de los electores, existe. Se da, probablemente, en casi todas las elecciones que se celebran, y en muchas ocasiones ni siquiera llegan a emprenderse acciones legales. Sin embargo, también sabemos que, en el caso de las elecciones al Congreso, este falseamiento tiene tan poca entidad que es muy improbable que llegue a cambiar la adjudicación de un solo escaño. Solo en el caso de que el margen de votos sea realmente muy estrecho es cuando vale la pena adoptar acciones legales para intentar revertir el posible fraude cometido.

Los partidos lo saben bien. Tienen interventores y apoderados acreditados que pueden asistir –y asisten-- a los recuentos y se llevan copias de las actas. Por supuesto, y esto es otra cosa, que hay errores en los recuentos, la mayoría involuntarios. También es cierto que no hay suficientes controles y que el proceso depende de la buena fe de los participantes. La noche electoral nos podrían engañar con resultados falsos, bien hackeando la web del ministerio, bien mediante la falsificación masiva de actas (y la complicidad de no pocas personas, en un país de bocachanclas). Pero, si fuera el caso, el fraude no tardaría en destaparse. Los partidos tienen copias de las actas que su organización alcance a cubrir. En el caso de Unidos Podemos no resulta difícil imaginar que, en muchas regiones, la coalición dispone de copia de casi todas ellas. Pues bien, solo tienen que ponerse a totalizar y comprobar si, respecto al 20D, se perdieron o no en Madrid más de 215.000 votos. Pueden hacerlo mesa a mesa, circunscripción a circunscripción y comprobarán cómo (suponemos) el volumen del descenso coincide.

Por otro lado, se han aireado las discrepancias en los datos de participación que nos ha dado el Ministerio del Interior la noche del 26J. Como es bien sabido, obedecen a que la totalización del voto de los residentes en el extranjero está pendiente. Además, hay algunos problemas de consistencia en las cifras, que lamentablemente resultan habituales en este tipo de registros. Se agradecería una mayor coherencia y un mayor control. También se agradecería una mejor aplicación de la tecnología al sufragio. Pero en serio ¿alguien piensa que se pueden esconder un millón de votos, o cien mil o diez mil sin que los partidos, con su acceso a las actas y su presencia en las mesas, lo noten? ¿Alguien puede aportar algún indicio real que indique que este 26J algún partido haya perdido o ganado un solo escaño (tan solo uno) por este motivo?

Efectivamente las expectativas de Unidos Podemos estaban muy infladas. Las encuestas crearon un globo demoscópico que, al chocar con la realidad, resulta difícil de digerir a sus seguidores. De hecho, hay cosas extrañas en las encuestas que necesitan ser investigadas. Por ejemplo, nos mostraban que los electores de PP y de Unidos Podemos estaban más movilizados, mientras que los de PSOE y Ciudadanos lo estaban menos. Todo parece indicar que la conducta final ha ido por otro camino. Por tanto, o bien la cocina tradicional se ha visto salpicada por errores sistemáticos o bien hubo un problema grave para identificar la disposición a votar de los electores de UP. Además, no mola nada la autocomplacencia con la que están afrontando algunas empresas de encuestas esta desviación. Como ya hemos señalado, creemos que debería abrirse una comisión pública de especialistas que auditara su trabajo. Esta es la única investigación que, en estos momentos, resultaría oportuna.

Por eso, les recomiendo que, a menos que sea la propia coalición Unidos Podemos la que formule la correspondiente denuncia, se olviden y corten en seco con este tema. Ni son unas presidenciales, ni esto es Florida, ni Pablo Iglesias es Al Gore. Esta teoría de la conspiración es, además, contraproducente para Unidos Podemos. Porque ¿qué tienen en común las teorías del 11M, la de los polacos y la del fraude electoral? Que todas ellas recurren a la victimización. Nos hacen desentendernos de los errores propios, presentándonos como seres totalmente inocentes, víctimas de poderes oscuros. Bloquean las soluciones que exigen el reacomodo de nuestras creencias y percepciones. Evitan el cambio. En lugar de ponernos a reflexionar, nos ponen a buscar “evidencias” en papeles arrugados en cubos de basura; o peor: a consumir ávidamente el presunto material de “investigación” que producen determinados emisores que se benefician de nuestra atención. Reducen la autocrítica a lo interno; y, sobre todo, no nos permiten superar las situaciones de conflicto generando nuevos escenarios. Así que juzguen ustedes mismos ¿Qué necesitan para esta nueva etapa que, les guste o no, se ha abierto tras el 26J?


 AUTOR:  Fray Poll.    @FRAYPOLL2015.
Contexto en acción. CTXT
TERMÓMETRO ELECTORAL

SIN SALIDA

Del ‘Brexit’, nos quedamos con la deshonestidad, chapucería y cinismo que caracteriza tanto a los que convocaron el referéndum como a los que lo han ganado.

Casi tan grave como la victoria del no en el referéndum británico es la ausencia de un plan que pueda dar cumplimiento al deseo que los votantes expresaron el jueves. Porque una cosa es debatir si los referendos son una buena o mala idea, cuándo o cómo se deben convocar y sobre qué materias pueden versar o no —cuestión sobre la que caben múltiples posicionamientos, todos legítimos—, y otra bien distinta es convocar a la población a manifestarse sobre un tema tan crucial como la permanencia en la UE sin haber dedicado un minuto a pensar cómo se ejecutaría la voluntad de la ciudadanía caso de salir el no. Por esa razón, del Brexit, más que con un debate de altura sobre la democracia directa, la soberanía popular y las virtudes y defectos del proceso de integración europeo (¡ojalá pudiéramos elevarnos tanto!), nos quedamos con la deshonestidad, chapucería y cinismo que caracteriza tanto a los que convocaron el referéndum como a los que lo han ganado.

A un lado en el cuadro de la desvergüenza tenemos al perdedor, David Cameron, que en lugar de acatar el resultado del referéndum y al día siguiente llevar a la Cámara de los Comunes un proyecto de ley para notificar a la UE el inicio del procedimiento de salida, anuncia su dimisión, convoca un congreso del partido y deja a un eventual sucesor surgido de unas elecciones generales a celebrar en octubre la decisión de cómo proceder. Y al otro lado tenemos al ganador del envite, Boris Johnson, aún más desvergonzado, que no solo insinúa una renegociación y otro referéndum sino que sostiene sin atisbo de rubor la delirante fantasía de que (una vez él sea el primer ministro, claro está) Reino Unido saldrá de la UE, se desvinculará de sus normas, dejará de contribuir al presupuesto comunitario y cerrará la puerta a los ciudadanos comunitarios, todo ello a la vez que empresas y ciudadanos británicos podrán seguir comerciando y estableciéndose libremente en el continente sin perjuicio alguno. ¿Se necesitan dos líderes para negar una sola y aplastante realidad? Vaya con la cuna de la democracia, el parlamentarismo y el fair play.

EL PAIS.