miércoles, 9 de septiembre de 2015

La Tercera Vía pide recuperar en Cataluña el consenso constitucional

Asociación Tercera Vía »

La asociación no hace una propuesta concreta, más allá del llamamiento al diálogo.

EDITORIAL DEL PAIS
El secesionismo y el inmovilismo debilitan, la negociación fortalece.


PSOE Tercera Vía: DIALOGO

 
Los comportamientos dialogantes y responsables son contrarios a la polarización escogida por los dirigentes independentistas, que colocan a la sociedad catalana ante sucesivos órdagos a los que el Partido Popular responde con otros tan contundentes como opuestos. Las urnas del 27-S están a punto de dirimir un enfrentamiento entre dos estrategias de choque: una por la independencia, otra en contra de ella, una con la voluntad clara de perturbar la convivencia y el orden constitucional, otra fruto del oportunismo político y el tacticismo; una claramente ilegal, otra toscamente amparada en la legalidad, pero ambas cerradas al entendimiento.
 

Esa dinámica va en contra de las corrientes profundas que se han manifestado en las elecciones autonómicas y municipales. Ya no estamos en tiempos de defensa inquebrantable de proyectos políticos, sino en un proceso de maduración hacia gestiones más pragmáticas y cercanas a los problemas de la gente. Los métodos que llevaron a la polarización y a la lucha de bloques cuentan con el rechazo de la mayoría de los españoles y sería muy sorprendente que los tirones de los independentistas y de los partidarios del statu quo fueran lo único que contara en estos momentos decisivos.

 
Por eso tienen interés iniciativas como las promovidas desde la asociación La Tercera Vía, que no cejan en el empeño de mantener despejado un espacio más abierto de lo que defienden los partidarios de actitudes monolíticas e irreversibles. En su presentación de ayer en Madrid, la presencia del secretario general del PSOE, exdirigentes de este partido y conocidos expertos dan la medida de la potencia intelectual e influencia que cabe atribuir a quienes, no presentándose a estas elecciones, quieren impedir que se cierren las puertas a la conversación.
 
Los independentistas cometen un abuso imperdonable cuando identifican a todo el país con la corriente más estática del Partido Popular o con el Gobierno de Mariano Rajoy, persistentes en la negativa a negociar reformas políticas. Pero España es mucho más plural. De ahí que las ideas de los promotores de la tercera vía sean positivas para defender la necesidad de negociar y más constructivas que la simple y brutal “desconexión” de España —y por ende, de la Unión Europea— con que los independentistas pretenden convencer a sus conciudadanos de que les esperan días de vino y rosas si abrazan la causa de la candidatura Junts pel Sí.
 
Este periódico apoya cuantas iniciativas contribuyan al diálogo, como la representada por la asociación La Tercera Vía, frente a la emocionalidad excitada por el secesionismo y por los partidarios de no tocar el statu quo. Apostar por el independentismo conduce a una situación irreversible: si las cosas salen mal —y hay muchas posibilidades de que así sea—, ya no hay vuelta atrás. Por eso hay que mantener espacios abiertos al diálogo y al entendimiento. Dispararse desde las trincheras de la secesión y del continuismo, aunque lo primero sea una grave violación de la legalidad y lo segundo un grave error político, no aporta más resultado a los catalanes y al resto de los españoles que la prolongación de la crisis.

Editoriales anteriores

A los españoles (06/09/2015)
Un grave error (02/09/2015)
González a los catalanes (29/08/2015)
Lecciones escocesas (20/09/2014)

EL PAIS.



El estado de la Unión

Se lanzaría usted al combate al lado de alguien que enarbolando la bandera europea gritara "förenade i mångfalden"?.

Unión Europea
 
Hoy se celebra en el Parlamento Europeo el debate sobre el estado de la Unión. La solemnidad en la que las instituciones envuelven sus actos públicos más destacados nos puede parecer a veces vacía pero cumple una función: crear y recrear sentimientos de pertenencia. La política necesita pasiones e intereses, pero también rituales. Sin ellos, una comunidad es una mera amalgama de individuos vinculados de forma oportunista en función de circunstancias cambiantes.
 
Eso explica que las instituciones europeas, generalmente huérfanas del entusiasmo popular, se doten de la parafernalia típica de los Estados: la bandera (azul), el himno (de la alegría), el día oficial (el 9 de mayo), la moneda (el euro) y el lema común (unida en la diversidad). Ese lema refleja bien la inmensidad del desafío que enfrentan los habitantes de este territorio de más de 500 millones de habitantes. Porque si se toman la molestia de leer ese lema en las 24 lenguas oficiales de la UE, comprobarán que por lo menos en 18 de ellas ni siquiera son capaces de imaginar que ese sea el mismo lema que el suyo. Hagan el ejercicio: tropezarán con el moninaisuudessaan yhtenäinen finés y se atragantarán con el zjednoczeni wró norodnoci polaco. Y así sucesivamente con el egyesülve a sokféleségben húngaro o el aontaithe san éagsúlacht irlandés. ¿Se lanzaría usted al combate al lado de alguien que enarbolando la bandera europea gritara förenade i mångfalden?
 
La Unión Europea es un artefacto complicado: no es un Estado, tampoco una nación y sólo en parte una democracia, algo siempre en construcción y por necesidad imperfecto e insatisfactorio. Por eso, a la vez que de este debate esperamos una evaluación franca sobre las (numerosísimas) dificultades que enfrentamos, desde la crisis de asilo y refugio a la tarea inacabada de construir una unión monetaria al servicio del crecimiento y el empleo, sin olvidar el desafío de actuar unidos y eficazmente ante las amenazas a nuestra libertad y seguridad que se generan en nuestro entorno geográfico más cercano, también esperamos una inspiración para seguir adelante, una visión sobre el futuro y un liderazgo efectivo. La Unión, una vez más, necesita más unión.
 
Claves . El País
@jitorreblanca

martes, 8 de septiembre de 2015

Llamemos catalán al catalán y basta ya de memeces

EL INDEPENDIENTE


Catalán al catalán
Llamar lapao al catalán y lapapyp al aragonés fue, por supuesto, una memez. Hubo que llevar la contraria a los lingüistas, a los protocolos ya vigentes (y que no habían dado lugar a conflicto alguno) y al puro sentido común. Una vez más, el Aragón conservador hizo el ridículo con una baturrada monumental. A ver cómo explicabas por ahí, ante cualquier persona culta, semejante patochada. Hubo que convertir aquel disparate en un recurso humorístico.
 
Así que ahora, cuando el actual Gobierno aragonés pretende echar marcha atrás y volver cuando menos al estatus inicial que normalizó el trilingüismo durante lustros, el PP ha puesto el grito en el cielo removiendo con torpeza la catalanofobia, que ahora está de moda y forma parte de todos los argumentarios emitidos desde Génova. Asegura la derecha que llamar catalán al catalán y aragonés al aragonés va a costar cuarenta millones de euros. ¿De dónde saca tal cifra? ¿Por qué se empeña en asegurar que esos idiomas serán cooficiales en todo el territorio de la Comunidad cuando nadie ha dicho tal cosa? Y la pregunta del millonazo: ¿Va a ser ésta la pauta que sigan los conservadores en su labor de oposición? ¿Se refugiarán en ese populismo de vía estrecha para intentar minar a los gobiernos adversarios atizando las sensaciones más reaccionarias de la gente de orden?
 
 
En el caso de las lenguas, el PP nunca ha querido denominar catalán lo que hablan las poblaciones del Aragón oriental, de Valencia e incluso de Mallorca. Absurdo. Tanto como lo sería negar que en Andalucía (o en Argentina o en Cuba) se habla castellano. El miedo del panespañolismo al pancatalismo (que también tiene sus ramalazos recíprocos, por supuesto) genera este tipo de dislates, que por cierto no contribuyen en absoluto a desactivar al soberanismo catalán sino todo lo contrario.
 
Lo lógico es asumir que en Aragón se habla mayoritariamente el castellano, y en algunas comarcas concretas el catalán y el aragonés. Esto es de cajón. A partir de ahí, ofrecer la enseñanza de las dos lenguas minoritarias y utilizarlas con normalidad en las zonas donde son de uso común parece obvio. Incorporarlas de manera razonable al ámbito de lo público constituye además un reconocimiento de nuestra propia diversidad y un gesto hacia aquellos aragoneses que se expresan con todo el derecho del mundo en el idioma de sus padres y abuelos.
 
En la famosa Franja, suele decir el actual presidente de la DPH, Miguel Gracia (catalonaparlante él mismo), la gente se siente aragonesa; pero mira hacia Cataluña porque allí están, a unos pocos kilómetros, los hospitales y los servicios imprescindibles. Esto es así de normal. Como llamar a las cosas por su nombre.
 
José Luis Trasobares. El Periódico de Aragón.
 

EL ÉXODO SIRIO. " DRAMA VIRAL ".

Drama viral, historia de la foto icónica de la crisis de los refugiados.

El padre sirio que, empapado, abraza a sus hijos entre lágrimas tras pisar suelo griego se llama Laith Majid y pagó 5.700 euros para huir de la guerra de su país junto a su mujer y sus cuatro niños. Cuenta su historia el alemán afincado en Barcelona Daniel Etter, el fotoperiodista que tomó esta imagen que ha dado la vuelta al mundo.


La fotografía icónica de los refugiados, Isla de kos en Grecia

Cuando pienses en los inmigrantes que llegan a Europa, piensa en esta foto». The Independent tuiteó junto a este mensaje una imagen magnética, terriblemente dramática, de un padre fornido con el rostro desencajado, que abraza con fuerza a sus hijos al llegar a tierra. Un instante que contiene todo un relato: una familia que abandona un hogar, un conflicto bélico devastador, una travesía peligrosa, el miedo calado en los huesos como el salitre del mar en la ropa. Habla también de la inseguridad ante lo desconocido, del instinto animal de proteger a lo que más se quiere en este mundo, de buscar simplemente una vida normal para ti y los tuyos. Difícil no sentir empatía.
 
 
Daniel Etter
La imagen se publicó en The New York Times y su autor se llama Daniel Etter, un fotoperiodista alemán de 34 años instalado desde hace un año en Barcelona, en el barrio de LesCorts. Etter empieza a digerir el impresionante recorrido viral de su fotografía, tomada en la isla de Kos, en Grecia. «Nunca había obtenido una reacción así. Hice una foto en Estambul que también se viralizó mucho y se convirtió en símbolo de las protestas de Gezi, pero no llegó a este nivel», explica a este diario.
 
Etter estuvo cinco días retratando el fenómeno migratorio en la isla griega. Alternaba un par de playas, observando desde detrás de su cámara la llegada incesante de embarcaciones. Llevaba un par de jornadas levantándose muy pronto, porque al amanecer empiezan a llegar los botes desde la cercana Turquía, cuando tomó la ráfaga de imágenes entre las que se incluía la que le ha dado notoriedad.
 
Intervenir o no
 
En principio no era más que una barca hinchable como otra cualquiera. Nada especial, nada que la distinguiera de las demás. Lo normal dentro de lo extraordinario que es que familias enteras dejen un territorio asfixiado por la guerra o por la represión. Dos jóvenes entraron en el agua y arrastraron la embarcación hacia la playa. Entonces una familia numerosa, con la seguridad de pisar firme, saltó a la arena, uno detrás del otro. Y cuando todos lo hicieron, el marido y la esposa se pusieron a llorar, y se abrazaron intensamente, también a sus cuatro hijos. Lágrimas de liberación y logro que Etter captó con su cámara.
 
«Sabía que tenía una buena foto, tampoco pensaba en ello en ese momento. Trabajas rápido y estás pendiente ante todo de lo que estás haciendo. De hecho les seguí tomando fotos durante un rato», cuenta Etter. Laith Majid, que así se llama el padre, le pidió ayuda. Tan solo quería saber adónde tenía que ir.
 
«Estaban empapados y temblando, no tenían ni idea de dónde dirigirse. Normalmente no intervengo en las situaciones que retrato, ¿pero qué iba a hacer? ¿Decir que soy un fotógrafo y que solo forman parte de una historia? Además, era el único ahí que podía ayudarles de algún modo. Les acompañé hasta el centro de registro de Kos, donde las autoridades griegas procesan los papeles para los refugiados».
 
5.700 euros
 
Por el camino, el grupo se fue encontrando a otros familiares que habían viajado en otros botes. Etter se despidió de ellos, pero por la tarde los volvió a ver. Estaban acampados en una tienda de campaña muy básica, frente al puerto. Y habló con ellos, especialmente con Nada, la esposa de Laith Majid, que era profesora de inglés en Siria. Y conoció con detalle su historia.
 
La familia partió dos semanas antes desde la ciudad de Deir Ezzor, al este de Siria, y pagaron 6.500 dólares (unos 5.700 euros). Tardaron más de dos horas en alcanzar Kos a bordo de la barca hinchable. Dos de sus cuatro hijos son adolescentes, «de 16 a 18 años, diría»; los otros dos son menores de 10. Uno de ellos es una niña, Nour, que hizo la peligrosa travesía con fiebre. «Se ve que lloró durante todo el trayecto», cuenta Daniel. Su deseo era ir a Alemania, la nueva tierra prometida.
 
Esta misma semana circuló por las redes sociales una foto de la familia con alguien que aseguraba habérsela hecho en territorio alemán. Etter niega su autenticidad. «Es imposible que hubieran llegado ya. La única forma de hacerlo tan rápido habría sido en un camión como el que se acaba de encontrar en Austria lleno de cadáveres. Es muy peligroso y no creo que lo hicieran. Además, hay un muro detrás de esa foto que reconozco de Kos», afirma, taxativo, el fotógrafo.
 
Un móvil y Facebook
 
Antes de despedirse, Daniel dio a
 
Laith Majid su teléfono móvil y su cuenta de Facebook, pero no ha vuelto a saber nada de él y su familia. Un día le gustaría volver a contactar con ellos. Confía en que le llamen o que le envíen un mensaje, saber que están bien y que lograron el objetivo que se propusieron cuando cerraron su casa de Deir Ezzor.
 
Fotógrafo y periodista freelance, Daniel Etter, que estudió Periodismo y Ciencias Políticas, ha publicado en The New York Times, las revistas Time y Newsweek y en diarios alemanes como Die Zeit y Süddeutsche Zeitung. Ha cubierto, entre otros acontecimientos, el conflicto de Siria, el terremoto de Haití y las protestas de Estambul (una de las fotos que hizo allí, la que también se viralizó, fue incluida en la lista de las mejores del 2013 por Time).
 
Por supuesto, ahora prepara ya un nuevo viaje, un nuevo cometido, y tratará como siempre de encontrar un momento, un instante, un fogonazo, que capte la esencia de la historia que pretenda transmitir. Como la de la familia siria viralizada. A la postre, una potentísima historia de amor. «Sí, lo que se ve ahí es muchísmo amor», sentencia. Que tocó la fibra, cabe añadir.
 
Albert Guasch. El Periódico.
 
 


Para qué sirve un niño

C L A V E S

Una sola foto, la del cadáver de Aylan Kurdi, ha soliviantado la conciencia de los europeos y ha resucitado su volátil opinión pública.



La conciencia de los europeos

Cuando Saulo cabalgaba persiguiendo cristianos, una luz divina le cegó, vio la Verdad y cayó de la montura: de repente se convirtió en San Pablo.
 
Hace una semana éramos —oficialmente— trasuntos de Saulo, aunque ciudades y ciudadanos ya empezaban a ver la luz. Reino Unido no admitía un solo asilado más en su territorio, cuota cero de solidaridad. España, hasta 1.300 de los 4.288 que la Comisión Europea nos quería redistribuir, procedentes de Grecia o Italia (y hasta 2.739 entre esos y el resto).
 
Una semana después, David Cameron, que basaba su populismo euroescéptico en la inquina a los emigrantes que invaden Reino Unido y el cierre parcial de sus fronteras, asegura que acogerá a “varios miles” de refugiados, quizá unos 4.000.
 
Mariano Rajoy rebajaba a un tercio la cuota de fugitivos políticos de las guerras que le asignaba la Comisión “por injusta y desproporcionada”, mientras negaba la tarjeta sanitaria a los inmigrantes ya instalados y enaltecía a Xavi García Albiol, centurión de la “limpieza” xenófoba en Cataluña. Ahora, loado sea el Dios de Saulo, da marcha atrás “en casi todo”: salvo en lo último.
 
¿Qué ha pasado en una sola semana? Que Angela Merkel, ¡ella!, ha encabezado (con François Hollande y Jean-Claude Juncker) la contundencia de la Europa acogedora que se hizo campeona de los derechos humanos.
 
Y que una sola foto, la del cadáver del niño Aylan Kurdi en la costa turca de Bodrum —Halicarnaso—, ha soliviantado la conciencia de los europeos y ha resucitado su volátil opinión pública: acoger a los perseguidos es un imperativo. Y nos ha despertado del falso sueño en el que los fugitivos sirios eran responsabilidad de los (más solidarios) vecinos Líbano y Turquía; en que la política exterior (PESC) era un lujo más o menos prescindible; y en el que la Defensa se acababa en una rápida operación contra un régimen sanguinario, el libio.
 
 
Despertamos, como casi siempre, a golpe de urgencia. Lo hicimos en asuntos más prosaicos: el euro, nacido para combatir las turbulencias monetarias, y que hemos defendido contra viento y marea. Ahora, la foto de Aylan y la reacción de algunos líderes decentes quizá sirva para empujarnos a que la política de asilo y migración —derechos y valores— no sea optativa, sino obligatoria.

. El País.

TRANVIA LIINEA 2. LAS FUENTES

Los vecinos ya proponen ideas para atraer la línea del tranvía

Piden que el proyecto impulse una reordenación del tráfico en el barrio.

 
Antigua línea 17: Las Fuentes
 
La puesta en marcha de una segunda línea del tranvía en Zaragoza ya no solo es una petición de los vecinos del barrio Delicias, sino que desde Las Fuentes los vecinos ya han elaborado un documento con diversas propuestas sobre movilidad y que será enviado esta semana al Ayuntamiento de Zaragoza.
 
La asociación vecinal Cívitas, la Peña Sociocultural Ríos de Las Fuentes y la Federación Aragonesa de Consumidores y Usuarios (FACU) son los autores de este escrito en el que consideran "vital para el desarrollo del barrio" la llegada del tranvía a este distrito. Proponen como "mejor opción" un recorrido que llevaría a este medio de transporte a bajar por la calle Compromiso de Caspe y a subir por Rodrigo Rebolledo, como ramal de una línea que le una al centro y a San José.
 
Además, estos colectivos piden que el proyecto impulse un estudio previo sobre la reordenación del tráfico en el barrio. Entre sus argumentos para solicitar la segunda línea del tranvía, destacan que Las Fuentes se encuentra en un "momento clave" de su evolución. "Su población es mayor, sus calles están envejecidas y no cuenta con elementos de atracción que permitan una reocupación dinámica y de futuro", esgrimen en su escrito. También hablan de las "múltiples" ventajas del tranvía, como son el ahorro de tiempo, la comodidad, el rejuvenecimiento, la accesibilidad o la calidad del transporte. "Ha supuesto un cambio en la movilidad de Zaragoza e incorporarlo a Las Fuentes supondría un camino de futuro", aseguran los colectivos del barrio.
 
 
EL PEQUEÑO COMERCIO
 
Las diferentes asociaciones son conscientes de que iniciar unas obras supondrá "molestias" para los vecinos a corto plazo, pero insisten en el beneficio que derivará al distrito. Piden que se realicen trabajos "por tramos", con una planificación y ejecución "estricta" que sea comunida a los comerciantes de la zona para que estos puedan prepararse de la mejor manera posible para un periodo de obras.
 
Así, proponen que se elabore un plan de apoyo al pequeño comercio de Las Fuentes "que palie los efectos negativos" que supondrían en los establecimientos el periodo de ejecución del proyecto. Este será consensuado con los otros barrios por donde pase el tranvía y con la Administración local. Para toda la fase de trabajos, los colectivos piden que las obras se acompañen con un plan de mejora del entorno urbano de Las Fuentes y de integración del tranvía en las calles.
 
"Zonas del barrio están en los inicios de un proceso de degradación que recuerda a la situación vivida en otros distritos y que culminó con una precarización y marginalización", argumentan.
 
Por último, los tres colectivos de Las Fuentes inciden en que el barrio no quede en el olvido dentro del proyecto de movilidad de la ciudad. "Somos un distrito cercano al centro, pero de clase trabajadora media que la dinámica está olvidando; que contempló con esperanza un proyecto de desarrollo hacia el este de la ciudad, pero que los intereses políticos frenaron y con ello deshicieron las esperanzas de 44.000 habitantes", añadieron las asociaciones vecinales.
 
 
Necesidad de un cambio en la mentalidad del ciudadano
 
 
En el escrito que enviarán al Ayuntamiento de Zaragoza, las tres asociaciones de Las Fuentes aluden a una necesidad de "cambio en la mentalidad del ciudadano" con respecto a la movilidad en la ciudad desde una reordenación del tránsito de personas y vehículos. "El aumento de población en muchos barrios requiere de un sistema de alta capacidad que conecte puntos de especial volumen de tránsito. En este sentido, la línea 1 del tranvía ha demostrado su idoneidad para solventar el volumen de pasajeros en medios de transporte", señalan.
 
El Periódico de Aragón.
 

domingo, 6 de septiembre de 2015

Turkmenistán, el telón de mármol

Ponga en una coctelera una chispa de Las Vegas, un pelín de Dubái y una pizca de Pyongyang. Remueva y le saldrá… Ashgabat. La surrealista capital de Turkmenistán logra sumar lo más insólito de estas tres urbes: de la ciudad de los casinos, el kitsch pomposo. De la metrópoli emiratí, el derroche desafiante. Y de la capital norcoreana, la rigidez oficialista. Y es que, en este país como en otros parecidos, la yuxtaposición de dictadura y recursos casi ilimitados se traduce en obras faraónicas que reflejan la magnificencia del poder. Pasear por Ashgabat es recordar en cada rincón que se está deambulando por la capital de un país que tiene las cuartas reservas de gas del planeta, y produce un millón de toneladas de algodón al año. Y que, además, goza de una de las mayores tasas de crecimiento del mundo.
La yuxtaposición de dictadura y recursos casi ilimitados se traduce aquí en obras faraónicas
El mejor lugar para tenerlo presente es el nuevo barrio de Berzengi: construido a partir de la independencia de la URSS en 1991 y todavía en constante expansión, se enorgullece desde 2013 de un récord Guinness: alberga la mayor concentración de edificios de mármol blanco del mundo. Nada menos que 543, como lo subraya con entusiasmo la prensa oficialista (la única que circula). Que precisa, además, que el mármol aquí utilizado cubre una superficie total de 4,5 millones de metros cuadrados. Ashgabat, bien es cierto, coleccionaba ya desde hace tiempo los Guinness, como el mástil de bandera más alto del mundo, o la mayor noria empotrada en una estructura metálica del planeta.
Pasear por Berzengi causa una sensación de total extrañeza: en medio de un desierto de color ocre que se intenta amenizar plantando a marchas forzadas una infinidad de pinos, 15 millones según la versión oficial (tal vez sea algún nuevo Guinness en ciernes), se yerguen, en medio de grandes espacios baldíos, enormes edificios que destellan al sol abrasador del verano: ministerios, entes públicos, residencias oficiales, universidades. La arquitectura es pomposa, a veces neoclásica y a veces futurista, alambicada, de formas osadas. Y con pretensiones simbólicas: el Ministerio de Energía tiene la forma de un mechero; el de Educación, de un libro abierto. Hasta las paradas de autobuses urbanos participan de los fastos generales: son habitáculos cerrados con aire acondicionado y televisión. Las construcciones bordean enormes avenidas con farolas aparatosas, ejes rectilíneos que se cruzan en enormes rotondas que exhiben en su centro estatuas ora pomposas, ora sorprendentes, como un termómetro gigante.
No se ve apenas tráfico, y las aceras están totalmente desiertas: nadie camina por Berzengi. Nadie camina y casi no hay coches, por ejemplo, en la impresionante calle Archabil, el eje principal de los edificios oficiales, con sus 10 carriles vacíos. También de mármol son los bloques de viviendas que se multiplican: el Gobierno está arrasando los pocos barrios antiguos del centro que todavía subsisten (muchos están herméticamente vallados para su demolición) para reinstalar a sus moradores en Berzengi. Y aunque (supuestamente) el valor de mercado de la vivienda nueva es muy superior al de la antigua, esta política de realojamiento forzoso no suscita la adhesión de todos los interesados. Aunque ¿quién se atreve a protestar en el Turkmenistán de hoy? En cuanto a las empresas, siguen progresivamente el movimiento poblacional, y van instalando poco a poco sus oficinas en Berzengi.


Una escena en el interior del Alem Entertainment Centre. / AMOS CHAPPLE (GETTY)
En un barrio como este no podían faltar, por supuesto, los memoriales, sean a los diversos próceres de la patria o a las víctimas de toda índole, como las de la Segunda Guerra Mundial o del terrible terremoto de 1948, que mató a las tres cuartas partes de la población de la capital. Pero la gran mayoría refleja la época de la megalomanía del presidente anterior, Saparmurat Niyázov, que ejerció un poder absoluto de 1985 a 2006: primero como dirigente comunista cuando Turkmenistán formaba parte de la URSS y después como presidente tras la independencia. Aquí se puede ver el Arca de la Neutralidad, una estatua en forma de trípode coronada por una estatua de oro (con 18 kilos de metal) de Niyázov. Antes estaba situada en una plaza del centro de la ciudad y giraba para que le diera siempre el sol durante el día (o, según los más aduladores, para que el sol girara en torno al prohombre). Hasta que el sucesor de Niyázov y actual mandatario, Gurbanguly Berdimuhamedov (el “Estimado Presidente” como lo llama invariablemente la prensa local), decidiera trasladar este incómodo símbolo del pasado hacia un lugar más apartado. También es ilustrativa la visita al monumento dedicado al tratado filosófico que escribió Niyázov, Ruhnama, cuya lectura era obligatoria en los colegios, en las universidades (los médicos no prestaban juramento a Hipócrates sino a Niyázov), en la función pública y hasta para conseguir el carné de conducir. Incluso las mezquitas tenían que exhibir el libro al lado del Corán. Como era de prever, el monumento es una copia gigantesca de la ilustre obra.
Niyázov tenía una obsesión: forjar una identidad nacional turkmena, que, según él, la época soviética había borrado. Pero no tardó en confundir al país con su propia persona (la fiesta nacional se celebraba el día de su cumpleaños). A cambio de un control político absoluto, mantenía socialmente anestesiada a la ciudadanía con una generosa política de subvenciones: así, la electricidad, el gas y el agua salían gratis a los turkmenos. Y siguen saliendo gratis: el actual mandatario se ha cuidado de mantener esta prodigalidad. En cambio, ha puesto fin a algunas de las mayores extravagancias de su antecesor, como el cambio de los nombres de los meses: enero, por ejemplo, llevaba el apodo que Niyázov se había otorgado a sí mismo: Turkmenbashi (es decir, el padre de todos los turkmenos), y abril el nombre de su madre.

El cambio de timonel al frente del país no ha puesto fin al régimen en sí, ni a la práctica del culto a la personalidad
El cambio de timonel no ha puesto fin al régimen en sí, ni a la práctica del culto a la personalidad. Hoy es difícil recorrer unos centenares de metros en Ashgabat sin sentirse contemplado por alguna foto de Berdimuhamedov: en las paredes de los colegios, los hoteles, los restaurantes, los aviones, las tiendas, los edificios públicos, el presidente nos vigila siempre con una gran sonrisa bonachona. Sin hablar de su omnipresencia en una prensa exclusivamente oficialista. O en unos canales de televisión que difunden interminables vídeos del folclore turkmeno, en los que unos artistas con atuendo tradicional cantan, bailan y celebran su suerte de vivir en este país tan feliz. Nada sorprendente si las parabólicas adornan todos los edificios, sean o no de mármol: las cadenas rusas son especialmente cotizadas.
Pero la impronta de un poder que sigue siendo casi absoluto no se deja sentir solo en el distrito de Berzengi, como se observa al dirigirse desde allí hacia la ciudad antigua, es decir, anterior a la invasión marmórea. Se llega primero a la gigantesca y alargada plaza de la Independencia. Podría parecer a primera vista acogedora y fresca en medio del calor sofocante del verano, con sus múltiples fuentes y sus enormes jardines cuidados con mimo. Pero ¿por qué diablos estará siempre totalmente vacía? En su centro solo se nota la presencia de unos jardineros. Y, en las aceras, la de los policías y militares al acecho de no se sabe bien qué peligro. Tal vez el que representa un visitante equipado con una cámara, un arma que suscita todavía mucha suspicacia en Ashgabat. Será porque aquí se encuentra el Palacio Presidencial, con sus espectaculares cúpulas doradas, pero el hecho es que reina en este gran espacio desierto una atmósfera tensa, como de estado de emergencia latente. Y al dejarlo, uno siente la necesidad de volver a la gente, a la animación. Conviene para ello adentrarse en uno de los múltiples parques de los alrededores: en esta ciudad construida en una zona desértica abundan sin embargo los espacios verdes, adornados, eso sí, con las omnipresentes y pomposas estatuas de los barbudos héroes de la historia turkmena, que prevalecen aquí sobre los de la URSS: solo hay una (pequeña) estatua de Lenin en todo Ashgabat.


Estatua de oro de Niyázov, quien ejerció el poder absoluto en Turkmenistán. / AMOS CHAPPLE (REX)
Y, por fin, tras este largo deambular por una ciudad aparentemente fantasma, como petrificada en su caparazón de mármol, aquí reaparece la vida, agazapada en las pequeñas calles al oeste de la plaza de la Independencia, donde los peatones caminan con un paso apresurado entre las pequeñas casas de una sola planta de estilo ruso que han resistido todavía la apisonadora del mármol. Ya era hora: ¡uno casi se había olvidado que Ashgabat cuenta con un millón de habitantes! Pero donde mejor se siente vibrar el Turkmenistán de siempre es en el bazar Tolkuchka, a unos 10 kilómetros al norte de la capital.
Allí se extendía, sobre unas 150 hectáreas, uno de los mayores mercados al aire libre de Asia Central. Hasta que el Gobierno, en su afán controlador generalizado, decidiera trasladarlo en 2011 a un espacio cubierto. Conviene ignorar este nuevo entorno de cobertizos de tipo industrial para dejarse llevar, arrebatar, por el colorido caos propio de los bazares orientales. Mientras camellos, cabras y ovejas esperan al cliente en medio de olores penetrantes, mujeres ataviadas de manera tradicional, con el largo vestido bordado de colores alegres y el pañuelo anudado a la africana, en forma de tiara, atraen a gritos la atención del visitante para ofrecerle comida o ropa, quincalla o joyas. Grandes escaparates de frutas y verduras cohabitan con pilas de utensilios de cocina. Aunque domina el género por excelencia del país, la alfombra: las hay por centenares, esparcidas por el suelo, apiladas en montones multicolores. No hay duda, aquí se ha refugiado el Turkmenistán de siempre. ¡Aquí se ha levantado el telón de mármol!


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